La grandeza del encuentro
El encuentro con otras culturas es un gran regalo de Dios.
Es una experiencia que enriquece y hace sentir el valor de
la reciprocidad. ”Dar y recibir el Ayni”: en la cosmovisión
andina existe un principio llamado Ayni.
El Ayni es el principio de reciprocidad
y en él se basan todas las relaciones en la cultura andina. Este principio
se aplica tanto a las relaciones sociales y culturales como a la relación de la
persona con la naturaleza, con los demás e incluso a la relación de la persona
con el mundo espiritual.”
Esta experiencia exige
mucha humildad y capacidad de desprendimiento, para entrar con el corazón despojado
de tantas seguridades, y dejar que el encuentro nos lleve a percibir el actuar
de Dios en el corazón de la cultura, a la cual somos enviadas, para compartir
la vida y testimoniar la misericodia y el Amor de Dios-Consolación.
Fue una experiencia que colmó mi vida de alegria y
despertó mi corazón a la gratuidad, en la medida en que iba descubriendo aquellos
“hilos de Oro”con los cuales el Pueblo iba entretejendo la historia de sus
vidas, y los valores que van dando color, belleza y forma al tejido de sus
historias y de su cultura.
En mi experiencia con el Pueblo Quechua en Poopó, senti
muy fuerte la importancia de la escucha atenta, y tuve una mirada de admiración
por lo nuevo que se se me iba revelando a través del encuentro. Hubo silencios
que fueron más eloquentes que las palabras, y gestos que hablaron por si solos,
y que muchas veces no se llega a comprender totalmente… pero, estás, participás,
contemplás, silenciás… Y Dios te sorprende… sentís que la realidad misma te va
adentrando en el mistério, y todo lo ritual asume un significado profundo,
porque es allí donde “habita” lo más profundo y sagrado de su própria cultura. Y
desde allí sentís el sussurro de Dios
que te invita a quitar la sandálias porque estás pisando terreno sagrado.
Muchas veces me
senti tan pequeña y la vez agraciada por este hermoso regalo de Dios, que con
la vocación misionera me permitió aprender y valorar lo diferente como riqueza
compartida en la reciprocidad, en el respeto y en la gratitud.
En los años de mi permanencia en la realidad, andina me dediqué
más directamente al trabajo de promoción y capacitación de la Mujer. Esta tarea
exigía mucha cercania, paciencia, respeto, escucha, compasión, y ternura, al
ver los esfuerzos que cada una hacia por superar su situación en todo lo que
podia ayudarle a elevar su autoestisma,”recrear” sus saberes, su creatividad y sus
dones para luego ponerlos al servicio de su comunidad.
Verdaderamente Dios hace maravillas en sus creaturas…porque
algunas de ellas superando miedos y timideces, llegaron a ser animadoras de sus
comunidades, otras se hicieron capacitadoras de sus compañeras hasta el punto de
llegar a formar un Centro cuyo lema era ”WARMIS
YANAPARIKUNA” Mujeres ayudemonos. Fue un espacio que además de ofrecer todo
lo que era capacitación, engrendró mucha vida, desde el tejer relaciones de confianza mutua, de
valorización reciproca, basada en la busqueda de la comunicación de valores que
nos llevaron a la integración de lo cultural con el evangelio.
Hoy a distancia de los años transcurridos desde entonces,
pasan ante mis ojos y mi corazón, los
rostros de tantas mujeres que me hicieron sentir “una” de ellas y con las
cuales aprendi a estar, a valorar la vida, lo sencillo, el compartir, la
reciprocidad, lo diferente; a amar la naturaleza, la Pachamama“El Vivir Bien es recuperar la vivencia de nuestros pueblos,
recuperar la Cultura de la Vida y recuperar nuestra vida en completa armonía y
respeto mutuo con la madre naturaleza, con la Pachamama, donde todo es vida,
donde todos somos uywas, criados
de la naturaleza y del cosmos. Todos somos parte de la naturaleza y no hay nada
separado, y son nuestros hermanos desde las plantas a los cerros.” como la madre tierra, que todo nos
brinda, y a la que tenemos que ser agradecidos. Cuanta gratuidad y bendición
recibida… De todo ello hoy hago tesoro en mi corazón.
Gracias mujer Boliviana, por tu fidelidad y
fecundidad.
Gracias al aguayo que llevas en tus espaldas
y que cubre con cariño el fruto de tu vientre.
Gracias porque en tu caminar te acompaña siempre
el aguayo, que simboliza la trama de tu vida, tejida con tanto sacrifício,
fortaleza y resignación.
Gracias por las veces que tu aguayo se inclina contigo sobre la
Pachamama, la Madre Tierra, para sembrar y cosechar el fruto bendito de tu
trabajo.
Que
como vos podamos abrazar con el aguayo de nuestro ser família, la carga de la
vida y envueltas por la ternura y la Misericórdia
de nuestra mamita Consolata podamos dejar que el aguayo de nuestra vida se
incline sobre la realidad del mundo con benevolencia, ternura y Misericordia.
Y Como dice esta bella oración, qué distinta
se saborea la vida desde las espaldas protectoras del Señor y muy pegados a su
corazón:
"Ponme en tu aguayo, Señor, lleváme contigo.
Quiero caminar contigo al modo de los
hombres.”
Hna Palmira
La grandeza del encuentro
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